La impresora de casa: elegir bien y no sufrir con la tinta
La impresora es el aparato que más quebraderos da por su talón de Aquiles: la tinta. Elegir con cabeza ahorra dinero y disgustos.
La impresora es, probablemente, el aparato tecnológico del hogar que más quebraderos de cabeza provoca en proporción a lo poco que la usamos. Y casi todos sus problemas vienen de su gran talón de Aquiles: la tinta. Impresoras baratísimas que luego cuestan una fortuna en cartuchos, tinta que se seca, cartuchos que se acaban en mal momento. Elegir una impresora con cabeza, sabiendo dónde está la trampa, ahorra mucho dinero y muchos disgustos.
El truco del negocio: la tinta
Lo primero que hay que entender es el modelo de negocio de las impresoras: muchas se venden muy baratas, casi regaladas, porque el fabricante gana el dinero con la tinta, que es carísima. Esos cartuchos que parecen pequeños cuestan un dineral y se acaban antes de lo que crees. Así que el precio de la impresora engaña: una barata puede salirte mucho más cara a la larga que una más cara con tinta económica. Lo que de verdad hay que mirar antes de comprar es cuánto cuesta la tinta de ese modelo.
Impresoras de depósito recargable
Frente a las clásicas de cartuchos, existen las impresoras de depósito recargable, que en lugar de cartuchos llevan unos tanques que se rellenan con botellas de tinta mucho más económicas. Suelen costar más caras de entrada, pero la tinta sale baratísima en comparación. Para quien imprime con cierta frecuencia, compensan enseguida y ahorran mucho a largo plazo. Si vas a imprimir más que de forma muy ocasional, este tipo de impresoras suele ser la opción más sensata para no sufrir con el precio de la tinta.
El precio de una impresora es una trampa: lo barato es el aparato y lo caro es la tinta. Mira siempre cuánto cuesta la tinta antes de comprar.
Piensa en cuánto vas a imprimir
Como con casi todo, la elección depende del uso. Si imprimes muy de vez en cuando, alguna cosa suelta, quizá no compense ni tener impresora, y te salga mejor imprimir esos papeles puntuales en una copistería. Si imprimes con cierta regularidad, una impresora de depósito recargable amortiza su precio. Y si necesitas color, fotos o funciones concretas, hay que valorarlo aparte. Pensar honestamente cuánto y qué vas a imprimir es lo que te dice qué impresora, o si ninguna, te conviene.
El enemigo silencioso: que se seque
Un problema clásico de las impresoras domésticas, sobre todo las de cartuchos, es que la tinta se seca si no se usan durante mucho tiempo, atascando los cabezales y dando problemas justo el día que necesitas imprimir algo con prisa. El truco para evitarlo es sencillo: imprimir algo de vez en cuando aunque no lo necesites, para que la tinta circule y no se seque. Una página cada cierto tiempo mantiene la impresora a punto. Las impresoras castigan el abandono, así que un uso mínimo y regular las conserva.
Compra mirando el conjunto
La próxima vez que vayas a comprar una impresora, no te fijes solo en lo que cuesta el aparato, que es justo la parte barata pensada para atraerte. Mira el precio de la tinta, valora una de depósito recargable si vas a imprimir con regularidad, sé honesto sobre cuánto la vas a usar e imprime de vez en cuando para que no se seque. Con esa cabeza, la impresora deja de ser ese aparato que solo da disgustos para ser una herramienta útil que no te arruina con cada cartucho.
3 comentarios
La impresora me costó cuatro duros y la tinta me arruina. Ojalá hubiera mirado el precio de los cartuchos antes. Gran aviso.
Las de depósito recargable salen más caras de entrada pero la tinta es baratísima. Si imprimes mucho, compensan enseguida.
Lo de imprimir de vez en cuando aunque no lo necesites para que no se seque la tinta es verdad. Se me secó por no usarla.