¿Merece la pena un reloj inteligente? Depende de ti
El smartwatch no es ni un invento imprescindible ni un capricho inútil. Para unos cambia el día a día y para otros acaba en un cajón.
El reloj inteligente, o smartwatch, lleva años en el debate eterno entre quienes lo consideran imprescindible y quienes lo ven como un capricho caro que acaba en un cajón. Y la verdad es que las dos posturas tienen razón, según quién las diga. Un reloj inteligente no es bueno ni malo en abstracto: es muy útil para ciertos usos y personas, e innecesario para otras. La pregunta no es si merece la pena, sino si te merece la pena a ti.
Qué hace en realidad
Un smartwatch es, básicamente, una extensión del móvil en la muñeca. Te muestra notificaciones sin tener que sacar el teléfono, permite contestar cosas rápidas, controla la actividad física y el ejercicio, mide pasos y otros datos, y sirve de despertador, cronómetro y mil pequeñas utilidades. No sustituye al móvil, lo complementa, ahorrándote sacarlo del bolsillo para cada cosa pequeña. Ese es su valor real, y para algunos es mucho y para otros, poco.
Para quién tiene sentido
El reloj inteligente brilla sobre todo en dos perfiles. Quien hace deporte y quiere controlar su actividad, sus rutas, su ejercicio, encuentra en él una herramienta muy útil y motivadora. Y quien recibe muchas notificaciones a lo largo del día y quiere filtrarlas de un vistazo en la muñeca, sin estar sacando el móvil constantemente, agradece esa comodidad. Si te ves en alguno de esos casos, es probable que le saques partido.
El smartwatch no sustituye al móvil, te ahorra sacarlo. Si eso te aporta, lo amarás; si no, acabará en un cajón.
Para quién no
En cambio, si no haces apenas deporte y no te importa sacar el móvil para ver las cosas, es muy probable que un reloj inteligente acabe siéndote indiferente. La novedad entretiene unas semanas y luego, si no cubre una necesidad real tuya, deja de usarse. Mucha gente compra uno por moda o por curiosidad y termina dejándolo en un cajón porque, sencillamente, no le aportaba nada que necesitara. No es culpa del aparato, es que no encajaba con su uso.
El detalle de la batería
Un factor práctico que influye mucho en la experiencia es la autonomía. Hay relojes que hay que cargar a diario o casi, lo que para muchos se convierte en una pequeña lata más, y otros que aguantan varios días o más. Si te planteas uno, fíjate en cuánto dura la batería según el uso, porque un reloj que tienes que estar cargando constantemente cansa, y uno que aguanta una semana se integra en la vida sin que pienses en él.
Decide por tu uso
Antes de comprar un reloj inteligente, hazte la pregunta honesta: ¿qué voy a hacer con él de verdad? Si la respuesta incluye deporte que quieres medir o muchas notificaciones que filtrar, adelante, probablemente lo disfrutes. Si es más bien curiosidad o moda, piénsatelo, porque puede acabar olvidado. No te dejes llevar por lo que le funciona a otro: el mejor reloj inteligente, como casi toda tecnología, es el que encaja con tu vida concreta, no con la del anuncio.
3 comentarios
Para mí, no tener que sacar el móvil para ver una notificación y filtrar lo importante es lo mejor. A mi pareja le aburrió en un mes.
Lo de que depende del uso es la clave. Para deporte y notificaciones genial, para mirar la hora y ya, una tontería cara.
Tener que cargarlo cada día o cada dos es lo que más echa para atrás. El que dura una semana cambia la experiencia.